
Son pocas las series de televisión que pueden hacer que me pegue al sofá para no perdérmelas. Ese es el caso de Brothers & Sisters, gracias a mi compañero que me presentó la serie. Este programa cuenta con un horario estelar en la cadena ABC, con el premio EMI 2007 a la mejor actriz en una serie dramática para Sally Field, y con una perspectiva brillante sobre la familia moderna. La serie ha sido creada y producida por Jon Robin Baitz, exitoso productor, guionista y actor quien ha trabajado con un importante grupo de personalidades de su campo que va desde Sarah Jessica Parker hasta Al Pacino, pasando por Tom Cruise, Michelle Pfeiffer y Donald Sutherland. En cable y para Latinoamérica, la serie es transmitida por el Universal Channel también los domingos por la noche.
La inclusión de personajes homosexuales en la familia es abordada abiertamente. Yo creo que esto significa un paso firme hacia adelante en la historia de la televisión, donde la estereotipada imagen del personaje gay que sólo salía para hacer reír se va quedando cada vez más atrás. Kevin (Matthew Rhys), el hijo homosexual en esta familia californiana de clase alta, ha logrado la aceptación de sus familares, pero eso no quiere decir que no tenga que lidiar con las dificultades que aún conlleva el ser gay. La situación familiar hace más interesante su realidad particular, pues una de sus hermanas es una activista republicana. Y tenemos que decir que se aborda el tema con todo el realismo que merece. Así como se presentan escenas de besos y caricias entre heterosexuales, se hace lo mismo con besos y caricias entre homosexuales. Las cosas como son, sin hacer ninguna diferencia.
Pero lo maravilloso de la serie no se queda sólo en una apertura en el abordaje de la homosexualidad. La familia Walker se debe enfrentar a muchos problemas comunes en las familias, como lo son la infidelidad, los intereses patrimoniales familiares, las diferencias políticas, la adicción a las drogas, etc. Y aunque algunos podrían pensar que por mostrar el tema de la homosexualidad en la manera que lo hace, la serie es ciegamente liberal y punto, pues se equivocan. Por ejemplo, la hija republicana de la familia, Kitty (Robin Martin), es mostrada como una mujer común, con sus propios intereses como cualquier otra persona, pero con derecho a pensar de la manera que lo hace. Ella, al igual que el hijo homosexual, es aceptada también por los demás miembros de la familia. La diversidad es una clave en el éxito de la serie, no importa si se es homosexual o activista de derecha, cada quien encuentra un espacio en este drama humano.
En mi opinión, la serie es un claro ejemplo de televisión de calidad. Es una serie familiar que no cae en ese desgastado abordaje conservador de la familia estadounidense, que siempre ha mostrado intereses religiosos y republicanos. Al mismo tiempo, el programa es inteligente porque no se va parcialmente por el lado liberal, negando las vidas y los dramas de aquellos cercanos al conservadurismo. Un argumento es bueno cuando se muestra no sólo la opinión del autor, sino también el otro lado, y se respeta la visión contraria. Asimismo, aunque es un drama familiar, no cae en la visión telenovelezca de presentar situaciones sin sentido y sólo hechas con el objetivo de entretener y ganar audiencia, a costa de televisión chatarra.
Por el momento, sigo disfrutando de esta segunda temporada que no me estoy perdiendo.