La semana anterior me escape del sonoro y complicado fluir de la ciudad. Fire Island (Long Island, Estado de Nueva York) me ha dejado con los pies adoloridos de tanto caminar descalzo en la playa, pero bastante repuesto del desgaste que produce el vivir entre ladrillos, horarios de trenes, asfalto, millones de personas y ruido.
Estas son fotografías que tomé (y en la que aparezco, obviamente me tomaron) de esta imponente y delgadita isla, allá donde el Atlántico se encuentra abiertamente con Norteamérica.
Playa hermosa, pero la temperatura estaba todavía fresca, por eso la chaqueta.

No hay palmeras aquí, pero sí muchos pinos.












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