Del clásico libro que recién termino de leer: Song of Myself
Walt Whitman (1819-1892) es quizás el más grande poeta estadounidense. Originario de Long Island, Nueva York, este periodista, maestro, trabajador del gobierno, y enfermero voluntario durante la Guerra Civil, también es reconocido como el “padre” del verso libre en la poesía. Uno de los asuntos que se discuten constantemente sobre él es su homosexualidad, o al menos su discurso abiertamente sexual y homoerótico en su poesía.
Aparte de su espontáneo y fluido canto al campo y a las escenas naturales, a los hombres y mujeres comunes de su tiempo, a su visión panteísta del mundo, destacan claramente en sus escritos algunas estrofas notablemente homoeróticas que presento en esta entrada. De su extenso poema Song of Myself (Canción de Mí Mismo), y con mi traducción, estas son algunas de esas escenas:
“Estoy satisfecho… Veo, bailo, río, canto;
Porque Dios se convierte en un adorable compañero de cama y duerme a mi lado toda la noche y cercano cuando el día se asoma” (pág. 5).
“Podrías ser tú transpirando desde los pechos de hombres jóvenes,
Podría ser que si yo los hubiera conocido yo los habría amado” (pág. 9)
“Una mano oculta también pasó sobre sus cuerpos,
Descendió temblorosamente desde sus sienes hasta sus costillas.
Los hombres jóvenes flotan de espalda, sus panzas blancas se inflan al sol… No se preguntan quién los coge rápidamente a ellos” (pág. 17).
“El viejo esposo duerme junto a su esposa y el joven esposo duerme con su esposa;
Y estos y todos tienden hacia mí, y yo tiendo hacia ellos” (pág. 27).
Y para terminar, estos ricamente descriptivos y serenos versos del Whitman de ayer, hoy y siempre:
“El joven mecánico es el más cercano a mí… él me conoce muy bien,
El leñador que toma su hacha y su jarra con él me tomará a mí con él todo el día,
El granjero arando en los campos se siente bien al sonido de mi voz,
En barcos que navegan mis palabras navegan… Yo voy con pescadores y marineros, y los amo,
Mi cara se frota con la cara del cazador cuando él se acuesta sólo en su frazada,
El conductor que piensa en mí no se preocupa de la sacudida de su vagón” (pág. 99).
Hace 13 horas









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