miércoles 25 de junio de 2008

Diversidad dentro de la diversidad: New York’s Folsom Street East 2008

Dejemos que se junten el cuero, los Levi’s, las botas, la música fuerte, el alcohol, un poco de sudor (¿por qué no?), partes del cuerpo ingeniosamente dejadas al descubierto, y por supuesto, la atracción hombre-hombre. Eso y mucho más fue lo que se vivió en la pasada fiesta Folsom Street East el pasado domingo 22 de junio, la gran fiesta leather de Nueva York. Un diverso despliegue de erotismo, estilos de vida alternativos e, incluso en algunos casos, cierto rechazo a la idea de belleza aceptada generalmente.

Para aclarar mejor el término leather, empecemos por decir que esta subcultura no es sinónimo de sadomasoquismo; no encierra necesariamente las prácticas de dolor, sumisión y humillación. Tampoco es una contradictoria alabanza a la conducta masculina heterosexual tradicional pero hecha por homosexuales. En realidad, es un término amplio que gira en torno a la manera de disfrutar la sexualidad de una manera no convencional, una alternativa diferente de la etiqueta afeminada que muchas veces se ha puesto sobre el colectivo gay. Aquí, la inclusión del cuero y otros materiales y prendas que insinúan virilidad (al estilo en que Tom of Finland la retrató) y el dejar descubiertas partes estratégicas del cuerpo, son los ingredientes necesarios.

Así es que si nos ufanamos de realzar la diversidad sexual, aceptemos y, mejor aún, disfrutemos de toda la diversidad que existe dentro de la diversidad. La celebración del New York’s Folsom Street East 2008 así lo hizo.

lunes 23 de junio de 2008

El Relato agnóstico


Estamos en el siglo XXI, ser un ciudadano responsable demanda actuar con seriedad en este asunto





Hace unos días, en un canal de la televisión estadounidense, se encontraban varias mujeres conductoras de un popular talk show hablando sobre religión y homosexualidad. Dos de ellas tomaron el liderazgo de la conversación. Una, la cual posee una amplia carrera como actriz, y famosa mundialmente, empezo a defender su postura de que Dios ama a los homosexuales y que nunca ha dicho nada en contra de la homosexualidad; la otra, perfecta desconocida para mí, lanzaba sermones alegando que Dios no toleraba a los fornicadores, y dando por hecho que los homosexuales eran fornicadores. Entonces, la primera coincidió en decir que Dios no aceptaba la fornicación, pero ésta entendida de manera general, no solo la gay, sino que tampoco la heterosexual.

En fin, dicha plática vuelve a reflejar un tema que sigue generando un importante debate. No pretendo aquí extenderme específicamente en la contienda homosexualidad-religión, que se puede dejar para otra ocasión, sino que vamos de una vez por todas al tema más general: la religión en la dinámica social actual.

Respeto y tolerancia son dos valores de suma importancia para una convivencia social civilizada. Por lo tanto, declaro mi respeto por todos aquellos que se sienten ligados a una religión particular institucionalizada, por quienes se sienten en comunión con ciertas práctices rituales, literatura religiosa y dogmas particulares de su credo. Pero vamos a decirlo claramente: si no se puede comprobar la existencia de eso que llaman Dios y más aún, si hay tantas religiones en la sociedad y todas proclaman visiones diferentes del mundo y de cómo actúa Dios; se debe aceptar de una manera seria y responsable, que todas las religions pertenecen al campo de la fe y de lo ideológico. Por lo tanto, no se puede pretender imponer una religión particular a los demás, o pretender que los demás vivan de acuerdo al punto de vista específico de cierta congregación de personas.

Dentro de su vida privada, personal, eclesiástica, o si se puede, familiar, las personas tienen todo su derecho de practicar la religión que les venga en gana, dar por aceptadas las visiones del mundo que les hubiesen enseñado desde el púlpito de su iglesia, u opinar a nivel social desde su punto de vista religioso específico; pero cuando se recurre a tratar de limitar la libertad de los demás ciudadanos, recurriendo a razones particulares religiosas, y cuando se apela a sembrar el miedo y el odio como últimos recursos, allí estamos siendo testigos de charlatanería y falta de seriedad.

Es aceptable escuchar a alguien decir que su religión específica opina esto o lo otro respecto a determinado tema. Pero recurrir a cuestiones como que se debe obedecer a una entidad divina que ha dicho lo que se debe o lo que no se debe hacer para todos, eso es caer bajo; más aún si se utiliza ese desgastado asunto de que si te comportas de cierta manera Dios te castiga, y si actúas de otra manera él te salva. Por favor, estamos en el siglo XXI, ser un ciudadano responsable demanda actuar con seriedad en este asunto. Actualmente estamos siendo testigos de una cierta fundamentalización de religiones, lo cual requiere actuar con determinación y formalidad.

Yo entendí el punto de esa presentadora que mencioné al inicio, cuando ella trataba de defender la postura de Dios con respecto a los homosexuales. Sin embargo, yo hubiera ido más alla, yo le hubiera preguntado a la otra de ellas: ¿Cuál dios ha dicho eso? ¿Quién es esa persona cuya autoridad debe ser irrefutable para todos? ¿Dónde está? ¿Dónde vive o dónde gobierna? ¿Lo ha visto usted personalmente? ¿Podría usted presentarme con hechos que así lo dijo (no con la Biblia o cualquier otro libro mitológico-astrológico, escrito por hombres en una sociedad esclavista hace miles de años)? Ahí, definitivamente, el curso de la conversación habría cambiado. Pero entiendo que aún hay consideración por ciertos sectores de la audiencia, aún se considera no escandalizar a personas cuyas visiones religiosas son tan frágiles de ser escandalizadas. ¿Por qué será?

jueves 19 de junio de 2008

Wilde y la cárcel victoriana


Oscar Wilde es quizás el caso más representativo de cómo se perseguió a la homosexualidad y a la expresión de creatividad en el siglo XIX. Este polémico escritor irlandés nacido en Dublín en 1854, desarrollo un llamativo talento y forma de vida que escandalizaron los cimientos de la sociedad conservadora victoriana de su tiempo. Ampliamente conocido por sus trabajos como dramaturgo, cuentista, poeta, ensayista y novelista, Wilde sufrió la pena carcelaria por delinquir en lo que se conocía en su época como “sodomía” (un conjunto de actos sexuales que se consideraban fuera de la norma, el más importante de los cuales era la penetración anal homosexual). Recuerdo que mi primer contacto con sus escritos fue durante la escuela primaria, cuando un maestro (el cual tiempo después me entere que era gay) solía leernos el cuento The Happy Prince, traducido al español.

Me atrevo a decir que todos dentro de la comunidad LGBT sabemos más o menos lo que es vivir en carne propia la discriminación. Creo que por más avanzada que sea la sociedad en la que hayamos crecido, aunque sea en ciertas ciudades de Europa, Estados Unidos o Canadá, aún quedan rasgos de homofobia y heterosexismo inmiscuidos sutilmente. Ahora bien, imaginemos una sociedad en la cual no había ocurrido siquiera la liberación sexual de las décadas de 1960 y 1970, donde no existía abiertamente un movimiento gay ni nada que se le pareciera, donde en muchos casos delinquir como homosexual era castigado con cárcel o maltratos, donde ser homosexual era considerado por la “ciencia” de ese tiempo como enfermedad psicológica. Dicha sociedad fue presisamente en la cual creció y vivió Wilde, y muchos casos más de los cuales pueden encargarse los historiadores. Definitivamente, si la homofobia actual pudiese expresarse en números, la homofobia victoriana sería, por decir algo, algo así como la actual elevada al cuadrado y multiplicada por dos.

Muchos podrían pensar que la represión sexual que llevó a Oscar Wilde tras las rejas se expresaba en términos de poner al sexo bajo el candado del tabú; algo de lo que no se podía hablar, de lo que nadie podía opinar, de lo que nadie quería encargarse. No fue así. El renombrado historiador y filósofo francés, Michael Foucault, nos enseñó que la represión sexual que se desarrolló en la época capitalista (despues de la ascención de la burguesía a los sistemas de poder), consistió en tratar de hacer hablar a todos de sexo y a investigar el sexo en cada rincón posible. Médicos y psiquiatras se encargaron de sacar las verdades sexuales a sus pacientes, sacerdotes y ministros confesaban y obligaban a hablar a sus feligreses sobre sus pecados venéreos, maestros y directores de escuelas desarrollaron sistemas para castigar a estudianetes por conductas consideradas inapropiadas; y como lo vivió Wilde, juristas y jueces desarrollaron leyes nuevas y trataron casos penales para castigar a los homosexuales.

Por otro lado, aunado a toda esta persecuación sexual, Oscar Wilde sufrió también la caza de su creatividad y su alternativo y excéntrico modo de vida. A partir de su esteticismo lleno de plumas, flores de girasol, y porcelanas, y de su excéntrico modo de vestir con cabello largo y holgadas vestiduras; se crearon una serie de burlas y ataques frontales que incluso llegaron a ataques físicos y violación de su propiedad privada. Todo su sufrimiento llegó a la cúspide cuando en 1895 lo condenaron a dos años de cárcel y trabajos forzosos en Londres, como se mencionó antes, por actos homosexuales.

Por todo esto, rescato una vez más la figura de Oscar Wilde como ejemplo de una vida agitada por el poder represor de su tiempo y como ícono homosexual. Y aunque su nombre y sus circuntancias nos parezcan más o menos lejanos, su nombre y su figura han grabado con firmeza la historia de la resistencia y la lucha.

¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros, ciudadanos del siglo XXI? Pues esto es un recordatorio más de los orígenes de esta lucha que se llama igualdad, respeto a la diversidad y a la libertad personal. No nos podemos cansar de repetir que, cada vez que sintamos discriminación, cada vez que tengamos que tragarnos nuestras palabras y nuestra creatividad, y cada vez que se nos diferencie injustamente por nuestra inclinación de acostarnos con personas del mismo sexo o por nuestra personalidad no convencional, es momento de seguir en combate.

Creo que una de las mejores maneras de resistir ante la represión y el control social injusto es crear, es vivir con arte. Cuando enriquecemos la cultura en la que vivimos con nuestras opiniones, con nuestros argumentos, con nuestra palabra escrita, con nuestro modo de vida auténtico (sea cual sea), estamos luchando, estamos venciendo. Y para concluir este artículo, rescato precisamente estas palabras de alguien a su llegada a Nueva York, alguien que muchas veces debió huir de la persecución, pero que siempre llevó consigo algo clave para luchar:

I have nothing to declare but my genius

(“No tengo nada que declarar excepto mi genio”)

Oscar Wilde.

viernes 13 de junio de 2008

De maiceros y rascacielos: un tico en Nueva York

Llega el verano a la Ciudad de Nueva York. La gente en la ciudad saca sus mejores prendas veraniegas, mientras miran el pronóstico de calor en el canal del tiempo. Empiezan la temporada de desfiles: el puertorriqueño, el de la comunidad gay, el de la herencia hispana… Restaurantes y bares pierden la clientela que busca playas, piscinas o casas de campo para disfrutar el tiempo libre; mientras los anuncios de la película Sex and the City colman los espacio publicitarios neoyorkinos. Y yo estoy aquí.

Nací y crecí en Costa Rica. Decidí venir a vivir a Nueva York porque definitivamente era el lugar al que quería venire a seguir mi vida. Soy escritor, y esta oportunidad de usar un blog me parace genial para desarrollar mi entusiasmo. Me encantaría saber que lo que escribo ahora llegue a ser leído por esas personas que comparten mi nacionalidad costarricense y por los allegados a la hermandad hispana.

Como lo ilustra el título de este artículo, es significativo el cambio de vida costarricense al cambio de vida en esta ciudad. Pero creo que quienes amamos vivir aquí logramos adecuarnos. No es fácil. La dificultad consiste en muchos aspectos, que va desde lograr un inglés suficientemente fluido a consolidar nuevos circulos sociales.

Yo nunca he sido nacionalista, y no lo soy ahora. Me siento agradecido de haber crecido en un pais pacífico que me dio la oportunidad de educación y salud, pero no soy de esos que gritaban y saltaban en los partidos de la selección de fútbol o que creía en todo lo que se cantaba en la Patriótica Costarricense. Siempre he sido alguien de mentalidad abierta que he visto lo positivo que ofrece Costa Rica, pero también lo mucho que le falta a la sociedad costarricense por evolucionar y por aceptar desde el exterior.

Por lo tanto, mientras las temperatures empiezan a ponerse calientes en esta parte del mundo, y mientras sé que las frescas lluvias caen sobre la tierra del gallo pinto y las carretas de bueyes, inauguro este blog. Esperon que mis artículos resulten interesantes para todos aquellos que llevamos un maicero por dentro, pero que vivimos la vida más allá del conformismo y el sosiego.